Hay hoteles donde el spa es un asterisco y otros donde es el eje. En conceptos de paisaje —viña o lago— el wellness gana cuando la vista forma parte del tratamiento. Una piscina climatizada frente al horizonte vale más, editorialmente, que una lista larga de rituales con nombres inventados.
En la ciudad, el wellness puede ser compacto sin ser pobre: sauna, agua y una sala silenciosa bastan si la materialidad es seria. Lo que evitamos en esta guía es el wellness decorativo —el rincón con velas que no dialoga con el resto del edificio.
El criterio es simple: ¿el huésped conceptual organizaría el día alrededor de ese espacio? Si la respuesta es sí, el wellness deja de ser anexo.
